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“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” Albert Einstein (1879-1955) El término prejuicio deriva del Latín praejudicium, que significa juzgado de antemano. Con una producción anual de al menos 400 millones de toneladas de productos químicos, la industria química ha sido, y sigue siendo, una de las víctimas preferidas del prejuicio social. Aunque la historia de la química está intensamente unida al desarrollo del hombre, el rechazo general a todo lo que se relacione con la palabra química se va extendiendo sin freno de la mano del desconocimiento. Son muchas las sentencias dirigidas hacia la industria química que ponen de manifiesto el sentir de nuestra sociedad: “las industrias químicas son las culpables de la contaminación”, “evita estas medicinas y alimentos que contienen sustancias químicas”, “las industrias químicas sólo sirven para producir armas y materiales nocivos para nuestra salud”, etc. Si a cada persona que se manifiesta en contra de la existencia de las industrias químicas se le invitase a explicar los detalles del por qué de su aversión, y seguidamente se le enumerasen los avances científicos de los que disfruta día a día, quizás, y sólo quizás, la quimiofobia daría paso a la aceptación de los procesos químicos como parte de la naturaleza humana. |